autocompasion

Pasar de la autoestima a la autocompasión es uno de los patrones más beneficiosos para una persona, y en los que se fundamenta, desde lo más interno e individual, un desarrollo vertical desde una actitud y una mentalidad «naranja» a otra «teal».

Hoy quiero revelarte el secreto que desvelamos en nuestras formaciones de liderazgo, la compasión hacia uno mismo. Entiendo que compartirlo es más necesario que nunca en un momento de prueba y grandes retos personales y profesionales por delante para muchas personas por la pandemia.

La auto-compasión empieza por reconocer y aceptar que tenemos virtudes y defectos, que nuestras sombras también son parte de cada uno de nosotros. Aceptar nuestros puntos débiles, esos que nos hacen tan preciosamente imperfectos como la Torre de Pisa, es la autopista hacia una vida en plenitud.

La trampa de la autoestima

Nos hemos educado, a la mayoría, en una cultura competitiva, que exige tener una alta autoestima. Pero, es una creencia-trampa.

Como explica una de las principales expertas en autocompasión, Kristin Neff, «necesitamos creernos especiales y por encima de la media para tener una autoestima alta».

La trampa es que, entonces, cuando hacemos algo que no nos parece excepcional lo sentimos como un fracaso.

Uno de los inconvenientes de vivir en una cultura que sobrevalora el individualismo y el logro personal es que cuando no alcanzamos nuestros objetivos sentimos que sólo nosotros somos los culpables.

Dalai Lama

¿Qué hacemos para evitar esa sensación de fracaso? Auto-engañarnos de diferentes maneras:

  • Inflar nuestros egos y menospreciar a los demás.
  • Culpar a los demás de lo que me ocurre para no dañar la imagen positiva de mi mismo.
  • Evitar admitir nuestras debilidades.
  • Crearnos una realidad paralela.
  • No esforzarnos.
  • Postergar.

Todas ellas conforman una sociedad en donde la autopromoción es un estilo de vida. Date una vuelta por las redes sociales para comprobarlo. Todo sea por sentirnos superiores.

Pero, hay otra acción de desvastadoras consecuencias: la auto-crítica. No nos aceptamos como realmente somos. Y eso, nos lleva a un círculo de auto-destrucción y pensamiento negativo, de inseguridad. Muchas veces se origina porque nuestros padres nos criticaron severamente, y nosotros les imitamos con los que más queremos. Lo malo es que, en el fondo, nos sentimos indignos de ser amados. No hay acto de mayor violencia hacia uno mismo.

No queremos parecer mediocres. Y, curiosamente, tampoco queremos que otros brillen para que no se evidencien nuestras debilidades. Pore eso, también somos campeones en criticar a los demás para sentirnos superiores a ellos, elevar nuestra autoestima y sentirnos mejor.

En el fondo, el individualismo que impulsa el querernos superiores hace lo mismo que el Covid, fomentar la desconexión y el aislamiento de las personas. La soledad, aunque no se reporte sobre ello, es un gran mal de nuestra sociedad.

La vacuna es un cambio de mentalidad que comienza por la auto-compasión.

Autocompasión

Cuando hablo de compasión no me refiero al significado que le da la humanística cristiana de misericordia. Sino, más bien, a la interpretación budista de aceptarnos tal como somos.

La paradoja es que estamos acostumbrados a ser compasivos con los demás, pero no con nosotros mismos.

Tenemos compasión hacia los demás cuando ves al ser humano que sufre, porque tu corazón conecta con él. La dificultad está ver nuestro propio sufrimiento.

¿Cómo te gustaría que te trataran los demás ante tu situación de dificultad? Escribe una lista con lo que más necesitas. Algunas de las que yo pondría son respeto, ayuda, sin juzgar, aportando soluciones…

La gran pregunta es por qué no lo haces contigo mismo.

Ya se que la educación que algunos recibimos no ayuda mucho. A mi los curas me enseñaron que no hay que mostrar las emociones, que eso te hace débil. La primera vez que me derrumbé ante otras personas, en el fondo me hice un gran regalo, porque dejé que saliera lo mejor de mí y que guardaba encerrado bajo siete llaves, una gran sensibilidad.

Estamos en una fase de reinventar el futuro y de crear la nueva normalidad. Ahora, ¿cómo puedes cuidarte? Y, no pienses en salir por la puerta del Zara con tres bolsas llenas bajo los brazos. Eso solo alimentará tu autoestima, pero no te cuidará a ti.

La forma correcta de hacerlo es tratándote con amabilidad. Entendiendo que todo el mundo se equivoca, que los fracasos forman parte de la vida tanto como los éxitos. Incluso son más útiles, porque un fracaso te obliga a cambiar sí o sí, mientras que un éxito en enroca en tus ideas.

Otro comportamiento pernicioso muy habitual, muchas veces inconsciente, es mendigar el reconocimiento que no nos damos. Por debajo, hay una profunda herida de vergüenza de esa persona.

El cambio viene por descubrir que no necesitamos que nadie nos reconozca, que somos personas con nuestra propia valía por el simple hecho de nacer y existir.

3 pasos hacia la autocompasión

Kristin Neff describe en Sé amable contigo mismo los 3 elementos fundamentales de la auto-compasión. Los analizamos brevemente a continuación.

#a. Bondad a uno mismo

La auto-compasión no es otra cosa que ser amable con uno mismo en lugar de crítico. En los últimos años, se ha avanzado mucho en aprender a distinguir que esa voz interna que nunca se calla y que no deja de malmeter no somos nosotros. Ekcart Tolle lo explica muy bien: somos lo que está cuando esa vocecita cierra el pico.

¿Cómo se bondadoso? Admitiendo y aprendiendo que el fallo forma parte del aprendizaje, y consolarnos como hemos escrito antes que nos gustaría que lo hiciera un amigo o conocido. Con tranquilidad, empatía y amabilidad. Es hora de empezar a cuidarnos de los malos pensamientos, igual que lo hacemos de la comida basura o las personas tóxicas. No hay nada más basura o tóxico que un pensamiento denigrante hacia uno mismo.

Lo podemos solucionarlo aprendiendo comunicación no violenta, haciendo afirmaciones compasivas y, sobre todo, repetirnos constantemente hasta que forme parte de nuestra vida el mantra «me quiero y me acepto tal como soy».

#b. Reconocer nuestra humanidad en común

Cuando decimos que cada persona es única, lo que estamos realmente diciendo es que cada una tiene que hacer una aportación única. Algunos a eso lo llaman misión de vida. Como en la película de Frank Capra, ¡Qué bello es vivir! puedes pensar qué pasaría en el mundo si tu no estuvieras. Todo aquello en lo que contribuyes a que la vida de otras personas sea diferente es eso que te hace único.

De manera que todos estamos interconectados con los demás y tenemos una experiencia humana en común. La compasión surge de entender que la experiencia humana es imperfecta. Si estamos conectados con esa experiencia humana en común, vemos que sentimientos como la decepción o la inadaptación son compartidos y comunes con el resto de la Humanidad. Cuando algo no sale bien, como ahora con las consecuencias de la Covid-19, sentimos dolor todos.

Nos desconectamos de esa experiencia común por egoísmo. Como dijo una vez el político español José Bono, «el que quiere comer aparte es porque quiere comer más». Y, en esa competición que promueve la sociedad individualista del capitalismo, estamos tirando a la basura una necesidad básica de las personas como es el sentimiento de pertenencia a una humanidad común.

Como sucedáneo, surgen todos los -ismos (fanatismos, etc) en los que un grupo se siente superior a otro.

#c. Atención plena

El tercer elemento tiene que ver con apagar esa voz interior a la que me refería anteriormente. Cuando eso sucede, estamos en plena atención en el momento presente. Lo que ahora se llama popularmente mindfulness.

Otro elemento que nos ha enseñando esta sociedad, y que nos aparta de la atención plena, es el querer evitar el dolor a toda costa. Así, vamos más a la farmacia a por analgésicos que al médico para que nos diagnostique el origen de ese dolor.

El dolor nos trae una gran información, que perdemos cuando queremos evitarlo a toda costa. Y, una persona, hasta que no conecta con la fuente de su dolor interno, no puede transformarse y cambiarlo.

Otra cosa es el sufrimiento, que llega cuando queremos que las cosas sean de otra forma. Incluso, si nos resistimos al dolor, que es lo habitual. Cuanto más te resistes, más sufres.

Aceptar que la vida no es cómo queremos que sea, que nunca encajará con nuestros ideales, es dejar de sufrir. Por eso, la compasión es hora de pasar de la autoestima a la autocompasión. Es el billete en ese apasionante viaje hacia nuestra plenitud.

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